
Escudo de gorriones
Hace mucho tiempo, los dioses desataron monstruos para recordarnos nuestra insignificancia.
Pero no necesitaba una deidad que me dijera que era impotente. Ser princesa nunca había sido más que una actuación.
Hasta el día en que un infame cazador de monstruos navegó a nuestras costas. El día en que me casé con un extraño, firmé un tratado mágico y partí a través del continente hacia el reino más traicionero de todo el reino.
Ese fue el día en que aprendí que no todos los mitos son inventados.
Y que la única forma de matar a los monstruos que tememos era convertirnos en uno...
