
Quemadura Amarga
Después de que el esposo de Mark Trevena falleciera hace ocho años, hizo de la venganza su único propósito, su religión, su destino. Pero para llegar a su enemigo, tuvo que hacerse como su enemigo. ¿Mortimer Cashel tenía un reino de secretos? Entonces Mark construiría un imperio. ¿Mortimer Cashel tenía sangre en sus manos? Entonces Mark se bañaría en ella.
Pero Tristán e Isolda lo cambiaron todo. Mark no había contado con desearlos, con necesitarlos; no había contado con cómo se sentía al verlos a los dos enamorarse. Había pensado que tenía todo bajo control —había pensado que estaba a salvo de su propio corazón, muerto hacía tiempo. Nunca imaginó que el esposo agraviado, el rey celoso de sus cuentos de hadas de la infancia, sería interpretado por nadie más que por él mismo.
Ya no importa lo que solía creer. Su enemigo está listo para terminar el juego, y por primera vez en ocho años, Mark tiene piezas en el tablero que no puede permitirse perder. Quemará el mundo entero para mantener a Tristán e Isolda a salvo. Calcinará la tierra, pero como cualquier buen asesino te dirá, el fuego solo lleva a un hombre hasta cierto punto, porque siempre queda algo en las cenizas. Y para Tristán e Isolda, lo que queda en las cenizas son los huesos fríos y amargos de la verdad: su historia comienza y termina con Mark.
Y toda historia necesita un villano…
